viernes, 13 de febrero de 2015

PATETISMO A LA EUROPEA.

Dos días, una noche [Deux jours, une nuit] de los hermanos Dardenne (2014)

Dentro del imaginario occidental Europa sigue representando esa cuna de la “civilización”, arropada por un halo de superioridad y refinamiento. Al hablar del viejo continente vienen a la mente la arquitectura imponente y   magníficamente conservada de las grandes urbes; habitadas por personajes blancos de carácter aristocrático. Siguiendo una tradición, que se puede rastrear hasta el neorrealismo italiano  más de seis décadas atrás, en Dos días y una noche, los hermanos  Jean-Pierre y Luc Dardenne desmontan desde adentro esta imagen idealizada.

La Europa  de la película aún no se recupera de la crisis. Sus personajes, que comienzan a acostumbrarse al sabor de la austeridad, habitan en suburbios alejados de las viejas construcciones y glorias pasadas.

Sandra, la protagonista interpretada de manera destacada por Marion Cotillard, es la encargada de personificar a esa Europa en el filme .  La historia se desencadena cuando al intentar regresar a su trabajo después de una licencia por depresión, se entera que sus compañeros han elegido conservar una bonificación de mil euros por el trabajo extra, antes que su reintegro.

Lejos de la sofisticación que ostentó en filmes como Batman: El caballero de la noche asciende, o El origen Cotillard  esta vez se presenta con una austeridad que denota cierto pesimismo. Su sencilla ropa de verano, el peinado desaliñado que la acompaña toda la película,  incluso algo en su posición corporal, dejan entrever un marcado sentimiento de derrota.

La Europa de los Dardenne al igual que su protagonista intenta nadar contra la corriente y salir a flote de una depresión que ha hecho sucumbir las bases de lo que creía era  su identidad. Ya no se trata de una Europa blanca, los compañeros de Sandra componen un abanico multirracial; y esta vez serán los asiáticos, africanos y latinos, los que decidirán el futuro de la protagonista europea y caucásica.

Técnicamente el acercamiento fotográfico de  Dos días, una noche  acompaña a la perfección  la austeridad de la narración. Planos secuencias de una duración notable, presentados con tal naturalismo que a pesar de su proeza técnica no compiten en ningún momento con la historia por la atención del espectador. Por otro lado,  el acompañamiento musical a  cargo de varias bandas de rock acaba dotando a la película con cierto aire de rebeldía e inconformismo.

Finalmente, cabe aclarar que Dos días y una noche no cae en el pesimismo derrotista. Por el contrario, con cierta inocencia kitsch y facilismo moralista, termina demostrando que la salida a la crisis no está en la individualidad de su protagonista; sino en un reconocimiento de la necesidad del otro. El problema de Sandra no radica en su desempleo; sino en su incapacidad de mirar como personas a los que la rodeaban.


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