domingo, 21 de diciembre de 2014

SELVA, COSTA, SIERRA

Climas. Enrica Pérez. (2014)


En la selva Eva, una adolescente afanada por descubrir su sexualidad, recibe en su casa a un tío al que no veía desde que era niña. En la sierra  Zoraida  se enfrenta a  la inesperada visita de su hijo que acaba de salir de prisión. Victoria es una mujer limeña de clase alta a quien un obscuro secreto vuelve la vida tan gris como la ciudad que habita. Estas tres historias completamente diferentes componen la ópera prima de Enrica Pérez.  Un retrato no sólo de la mujer; sino también del Perú.

En el cine, como en la mayoría de campos humanos, la mujer fue relegada por mucho tiempo a un papel secundario. Los primeros retratos cinematográficos femeninos eran miradas completamente masculinas. De ahí, que el hecho de que una directora haga al público reflexionar sobre problemáticas femeninas sea un logro. Vale la pena aclarar que para esto no hace falta rotular la película con etiquetas bastante discutibles como “feminista”  o “cine de mujeres”.  En el caso de Climas  se podría hablar incluso de un logro doble, pues no sólo se trata  de una visión de la mujer hacia la mujer;  sino también de una representación desde adentro de un país subdesarrollado, sometido infinidad de veces a una mirada externa.

Cabe resaltar que Climas no cae en el simplismo, ni en la victimización;  sino que muestra  las facetas que puede tomar un sujeto doblemente subalterno cómo lo es la mujer en cualquier país de América Latina.

Tal vez inconscientemente, Pérez retrata cada una de los intereses que para  la crítica estadounidense  Laura Mulvey   son ignorados por una visión masculina de la mujer.  En primer lugar, la sexualización de la niña cómo lo retrata la historia de Eva y su despertar sexual; en segundo lugar la mujer sexualmente madura como no-madre,  a la que bien podía ceñirse la historia de Victoria que toma píldoras anticonceptivas a espaldas de su pareja; Finalmente, una maternidad no fálica, cómo la representada por Zoraida y la relación con su hijo, cuyo regreso reafirma sus temores.

Por otro lado, técnicamente la película está lejos de estar bien  lograda. No sólo cae en un interés exagerado por el paisaje, que se ha convertido en un tópico común en las películas latinoamericanas que triunfan en Europa; sino que también posee una estilización visual, con iluminaciones marcadamente artificiales,  que resulta chocante y parece competir con la historia por la atención del espectador. Algunos efectos sonoros se notan muy manipulados y la música, bastante pobre por un lado, no aporta nada a la película emocional o narrativamente.  Esto, sumado a que las actuaciones no resultan del todo creíbles, más cuando se mezcla en la misma escenas actores profesionales y naturales, termina  impidiendo  una real inmersión en cada una de las historias.

Climas  es uno de esos ejemplos que deja claro que en Latinoamérica abundan las historias por contar  y que poco a poco las nuevas miradas  comienzan a surgir. Sin embargo, también revela que  el problema del cine latinoamericano  y su fracaso en taquilla radican en el apego  a parámetros impuestos internacionalmente para películas de países periféricos. El uso excesivo de   planos contemplativos,  las actuaciones naturales  y un irracional interés  en los paisajes, son una de las causas por las que las películas realizadas en Latinoamérica tienen  dificultades a la hora de abrirse camino ante un público interno. Si bien no se puede por ningún motivo reprochar el  surgimiento de nuevas representaciones que oxigenan el panorama cinematográfico latino, queda abierto el interrogante sobre quiénes realmente disfrutan y reflexionan sobre estas.


jueves, 18 de diciembre de 2014

EL VERDADERO DELIRIO

 Los Hongos. Oscar Ruiz Navia  (2014)


Algunos directores se aferran a la fórmula con  la que alcanzaron el éxito; para bien o para mal, Oscar Ruiz Navia no es uno de ellos. Después de los premios obtenidos por El vuelco del cangrejo, el realizador valluno regresa a Cali para retratar una ciudad tan contrastada, como los personajes que la habitan. Una ciudad de negros, de blancos, de jóvenes, de policías, de mujeres, de desplazados, de artistas, y de ancianos. La Cali de Los Hongos huye del estereotipo de la metrópolis desarrollada, del suburbio marginal o de aquel “jardín” lleno de mujeres hermosas; la urbe  representada por Navia es todas estas ciudades y a la vez no corresponde a ninguna.
Estilísticamente, Navia también abandona el carácter lento que marcó su primer largometraje. Por el contrario,  Los hongos es una película fragmentada que no se detiene a contemplar ninguna acción. El filme adopta un ritmo delirante, que, cómo la cotidianidad de sus dos protagonistas Ras y Calvin, pasa de un espacio a otro de manera vertiginosa.
A pesar del  frenesí, la ciudad se presenta amena y llamativa. En las últimas escenas la película sale de Cali para retratar los imponentes paisajes del Valle del Cauca; sin embargo, durante el resto del filme la cámara se deleita con el minimalismo de la estética urbana. Las calles de los barrios populares y los puentes sobre las grandes avenidas, son mostrados desde un punto de vista que hasta entonces había pasado desapercibido.
Sin embargo, el encanto de Los Hongos termina con la  interpretación de los actores naturales, quienes nunca logran hacer creíbles a los personajes. A pesar de tener protagonistas bien construidos y un trasfondo sólido, la actuación impide al espectador sumergirse  completamente  en el universo de la película.
De otro lado, Los Hongos pareciera querer agotar todas las temáticas de la ciudad.  Desplazamiento, represión policial, amor adolescente, grafiti, diversidad sexual, vida nocturna,  desigualdad  y  corrupción política aparecen en distintos momentos. En vez de atravesar la película, las temáticas parecen solo rozarla en diferentes puntos. El afán de retratar todos los aspectos de Cali, causa que la intención del director se disipe. Los Hongos se presenta como un álbum de postales visto con prisa. La decisión de Navia de no detenerse en ninguna situación, hace que escenas que podrían ser memorables, cómo aquellas mujeres negras sorprendidas por Ras mientras cantan  sobre su desplazamiento, se pierdan entre el vértigo de la urbe.
Queda claro que Oscar Ruiz Navia es un director arriesgado capaz de abandonar los esquemas que le dieron el éxito. Es de aplaudir el atreverse a hacer un filme diferente, también el hecho de representar una ciudad por fuera de los estereotipos, una ciudad más cerca a la gente que la habita. Sin embargo, la decisión de usar nuevamente actores naturales  que fracasan al darles la vida necesaria a los personajes, hace que la película pierda toda la fuerza que pudo tener en su planteamiento.

sábado, 13 de diciembre de 2014

CINE ¿DE VERDAD?

Memorias del Calavero. Rubén Mendoza. (2014)



Después de estrenar su segundo largometraje Tierra en la lengua Rubén Mendoza reaparece este año  en las salas de cine con Memorias del Calaveroalgo bastante inusual dentro del contexto colombiano donde realizar una película se convierte en una verdadera odisea. Memorias del Calavero recorre los pasos de Abelardo Jaimes, el Cucho,  quien en 2010 había interpretado uno de los personajes principales en el primer largometraje del director.  Durante el filme el equipo realizador acompaña al protagonista hasta su natal Santander, donde intentando redimirse  ha prometido contar su más oscuro secreto frente a la cámara.
Una grabación telefónica  da cuenta  del reencuentro del Cucho con Mendoza y la organización del viaje. Usando un lenguaje típico del documental  la película atraviesa  Boyacá y Santander como si fuera una road movie; Mientras tanto, los imponentes paisajes van enfrentando al protagonista con las acciones de su pasado.
Sin embargo,  después de una fuerte discusión el Cucho decide continuar su camino solo y el equipo realizador debe quedarse atrás.  Como un homenaje a Agarrando pueblo, histórica  película de Luis Ospina, el protagonista enfrenta a los realizadores con una imagen vampírica del documentalista que sólo busca lucrarse al registrar la  miseria y  la muerte.
En este punto  el estilo de la narrativa se quiebra y plantea una paradoja: a pesar de que el equipo realizador ya no acompaña al Cucho en su travesía, el espectador puede seguirlo observando a través la cámara.  Memorias del Calavero, al igual que su predecesora Agarrando pueblo, obliga a reflexionar sobre la objetividad del llamado cine de no ficción, y la ética del quehacer documental.
Como en La Sociedad del semáforo  y Tierra en la lengua  Mendoza vuelve a confronta al espectador con imágenes que le resultan chocantes. En varios puntos del recorrido Abelardo Jaimes revela recuerdos escabrosos de su vida en la calle del Cartucho.  Historias de niños asesinados, sexo envilecido y la más cruda violencia, acompañadas por imágenes documentales filmadas por Germán Piffano, obligan al espectador a enfrentarse a la que  tal vez sea una de las peores caras del país.
Volviendo a la trama de la película, además de  ser rechazado por su familia luego de salir del truculento mundo de la calle; Abelardo Jaimes también lucha con esa fuerza interior que parece condenarlo a volver a caer. Memorias del calavero  es la búsqueda de una  redención  imposible por parte de un hombre.
El secreto guardado durante años por  el Cucho, cuya supuesta revelación desencadena el argumento de la película, se presenta como un crimen aterrador, capaz de horrorizar profundamente a un personaje que no se perturba al contar las retorcidas escenas de su estadía en el Cartucho. De ahí, que el desenlace de la película deje un sin sabor que resulta frustrante para más de un espectador. Sin embargo, una narrativa bien construida acompañada de los imponentes paisajes y la música de Edson Velandia, que muy acertadamente acompaña la película, hacen que los minutos en la sala de cine mientras se ve  Memorias del Calavero valgan la pena sin lugar a dudas.